Living apart together. Acabo de descubrir mi filosofía de vida ideal. Dos personas, una pareja. Se quieren, se adoran, se prometen fidelidad y amor eterno, pero deciden no convivir bajo el mismo techo.
Lo reconozco, temo a la convivencia. No es que no me guste tener pareja, ni disfrute de la compañía de alguien a mi lado, pero sé que tarde o temprano me cansaré de la rutina y por consiguiente, acabaré por dejar la relación y herir a la otra persona.
Desde pequeños nos han "programado" para pensar que toda pareja debe llegar tarde o temprano a un destino único: la convivencia y el matrimonio. El término LAT surgió hace unas décadas en países como Suecia o Noruega, para designar un movimiento cada vez más extendido: el de las parejas que piensan que compartir la vida no significa compartir domicilio.
Quienes abogan por este modo de vida lo tienen claro: el LAT te permite disfrutar de lo mejor de la relación, evitando cosas que todos sabemos que desgastan a la pareja, ya sea la convivencia diaria, las discusiones domésticas o los desacuerdos por quien tiene que recoger la habitación. Así pues, el LAT parece la solución perfecta para aquellos que quieren disfrutar del amor, de la pareja, manteniendo una completa individualidad y ciert libertad, cosa que resulta a veces difícil viviendo en pareja.
Ciertamente muchos podrán decir que este modo de vida no es más que una relación abierta, dos personas y la ausencia de compromiso. Para mí, el compromiso va más allá de compartir un techo con tu pareja, es querer estar con ella por encima de las otras personas, y eso no implica convivir las 24 horas.
Carlos