Cuánto daño han hecho series como Sexo en Nueva York...
Treintañeros y treintañeras, guapos, con dinero, un buen empleo, piso propio y miles de oportunidades de ligar. Que si una cena, una fiesta, un desfile de moda, una presentación... El single que la tele nos quiere vender no parece tener preocupaciones más allá de su infinidad de compromisos, el espacio de su armario y su creciente lista de citas.
¡Pues debo ser el único que no encaja en el perfil!
Por mucho que la tele se empeñe en llamarnos singles, con toda la connotación "cool" que el término comporte, no somos más que solteros, los que han existido y seguirán existiendo toda la vida. Según los estudios, el single es aquella persona que, al no tener hijos ni pareja, dispone de más dinero para gastar cada mes, está orgulloso de su soltería, tiene libertad absoluta, viaja, se preocupa por su aspecto y tiene una gran vida social... vamos, que resulta que somos los ciudadanos más afortunados de la Tierra. Para mí, un evento social significa invitar a un par de colegas a jugar a la "Play" el sábado por la noche, comer palomitas y beber cerveza de marca blanca. En el tema económico la cosa no pinta mejor, puesto que lo de llegar a fin de mes está siempre en mi lista de propósitos (no cumplidos) del nuevo año. ¿Viajar? Eso sí, dos o tres veces al año, pero no a Nueva York ni a Londres, sino al pueblo, a ver a mi tía y a mi abuela, que preparan unos guisos para chuparse los dedos. En cuanto al tema parejas, para qué nos vamos a engañar, uno se cansa de vivir "la vida loca" que le imponen las estadísticas, y decide que más vale mal acompañado, que solo.
Y con todo esto llego a la conclusión de que efectivamente no soy un single, soy un soltero; y si esperáis diez años más, un solterón. Y a mucha honra.
Carlos